Limpiando Mi Casa

Pastor Miguel Arrázola

La Palabra es lo que más nos limpia. Usa la Palabra para limpiar tu carne de pecados y tu espíritu de las malas actitudes.

1Corintios 3:16-17 (RVR)
“ ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? 17Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es”.

El primer Templo fue construido por el Rey Salomón. El segundo Templo fue reconstruido de las ruinas del templo de Salomón. Nehemías reconstruyó este Templo que había sido quemado, después de ser construido por Salomón en 52 semanas. Los muros de piedra fueron quemados, destruidos y Nehemías restauró de los escombros y lo levantó nuevamente.

Herodes ensanchó la plataforma del Templo y agrandó la región sur del monte Moriah. Todas las leyes judías eran extremadamente estrictas con respecto a la construcción del Templo. El pueblo hebreo no podía esculpir con cincel ninguna imagen de hombre ni de bestia sobre las piedras usabas para construir el Templo, porque era un recinto sagrado.

Había tres tipos de personas que se acercaban a Dios:

- Los israelitas: Eran familias comunes que venían a adorar a Dios una vez al año.
- Los levitas: Descendientes de Jacob, que tenían sacerdocio para adorar a Dios.
- Sumo Sacerdote: El primero fue el hermano de Moisés, Aarón y los siguientes fueron sus descendientes de generación en generación.

Los israelitas podían entrar al atrio exterior, donde resplandecía el sol. Los levitas podían entrar solo hasta donde estaba la Menorah y el Sumo Sacerdote era el único que podía entrar al Lugar Santo, ahí no había luz, solo resplandecía la gloria de Jehová. Esto significa que cuando te conviertes, pasas de ser israelita a ser Real Sacerdocio; cuando tú estás viviendo bajo la luz solar, no se te revelan los pecados de la carne, pero al convertirte y ser confrontado a la luz de la Palabra, tus pecados son revelados.

En la medida en que te acercas a tener intimidad con Dios cuando te conviertes, Él comienza a mostrarte áreas en tu vida que deben ser cambiadas. Todos tenemos un Lugar Santísimo; estoy seguro que Dios te ha dado unas revelaciones tremendas en tu lugar de revelación y en los cultos.

Mateo 24:1-2 (RVR)
“Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo. 2Respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada”.

Jesús sabía que ese templo se iba a acabar y que la presencia de Dios ya no estaría únicamente en el Lugar Santísimo. Él sabía que venía un mejor pacto y que nosotros íbamos a ser los nuevos templos.

Las tres expresiones del Templo en tu ser

1Tesalonicenses 5:23 (RVR)
“Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo”.

Al cuerpo le da el sol, la mente es iluminada por la Palabra, la Menorah y el espíritu es iluminado por la luz de Dios. Por eso es que la Palabra de Dios dice que la carne para nada aprovecha (Juan 6:63), pero el espíritu sí.

Hay tres templos que Dios visita: Tu cuerpo, la casa donde vives y la Iglesia. Las tres estructuras físicas eran:

- El Tabernáculo de Moisés en el desierto: Construido con animales.
- El Templo de Salomón: Hecho de piedra y mármol.
- El Templo de Jesucristo.

Fuera cual fuera el material con el que se hacían los templos, se deterioraban con el tiempo y algunos de espacios se llenaban de basura, por eso eran remodelados. Igual pasa con nuestro cuerpo que es Templo del Espíritu Santo y en ese caso, ¿qué debemos hacer? La Palabra nos lo dice:

2 Corintios 7:1 (RVR)
“Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios”.

1. Limpia tu cuerpo y espíritu

Como tú eres un Templo andante, también es posible que te ensucies. Por eso es necesario que tengas limpiezas; debes limpiar tu cuerpo de la suciedad de la carne y el espíritu. La razón por la cual ustedes no están limpios es porque le han delegado esa obra al Señor, cuando es tu responsabilidad.

Hebreos 12:1 (RVR)
“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante,…”.

Deja de pedirle a Dios que te limpie y decide hacerlo tú con la Palabra de Dios. La gente hoy en día no puede correr su carrera en Dios por el pecado que cargan en su ser.

1 Pedro 2:1-2 (RVR)
“Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, 2desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación,…”.

Dios tiene poder, ¡pero tú también! Tú te limpias voluntariamente cuando dejas a un lado todo pecado; tú estás a una decisión de tu bendición. El templo físico debe sufrir de limpieza física para quitar esos hábitos peligrosos y toda infección e impureza.

Salmos 119:9 (RVR)
“¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra”.

La Palabra es lo que más nos limpia. Usa la Palabra para limpiar tu carne de pecados y tu espíritu de las malas actitudes.

2. Limpia tu casa física de ídolos
Detrás de todo ídolo hay un demonio, por eso es que cada vez que se hace exaltación a una adoración idólatra se activan los espíritus inmundos, porque se están invocando para que operen. La idolatría es una herejía y Dios la condena en Su Palabra.

En nuestra casa debemos tener una atmósfera de paz. Todo lo que no edifica va a afectar la atmósfera de tu hogar, así que decide hoy sacar todo aquello que no edifique y que pueda representar un ídolo para ti y tu familia, y decide vivir bajo una atmósfera llena del Espíritu Santo.

3. Limpia la Iglesia de la crítica y el rencor

1 Corintios 11:28 (RVR)
“Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa”.

Decide limpiar tu cuerpo de la suciedad que hay en él y en tu espíritu; limpiar tu casa de los ídolos y la Iglesia de la crítica, el rencor y las peleas.

Santiago 5:16 (RVR)
“Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho”.

Se requiere que los creyentes pidamos perdón para que nuestro Padre Celestial nos perdone como dice Mateo 6:14. Muchas veces tenemos cosas guardadas en contra de otros que no hemos solucionado y por eso no hay sanidad en nuestras vidas, porque somos carnales en nuestro trato con nuestros hermanos en la fe.

¿Qué pasa si no limpio estas tres expresiones del Templo en mi ser?
Si no limpias éstas tres expresiones del Templo en tu ser, habrá ataduras y yugos espirituales en ti. Un yugo se conecta a algo sobre lo cual tú no tienes control, por eso la Biblia nos señala en 2 Corintios 6:14 que no debemos unirnos en yugo desigual, porque podemos ser llevados por aquel que es incrédulo y tiene más poder de decisión para hacer lo malo que lo bueno.

Una persona que quiere amar a Dios pero sirve a su propia carne, está ligada a una vida de pecado. Esto fue lo que le pasó a Judas que fue usado por Satanás para entregar a Cristo y a Pedro, cuando le dijo a Jesús que no se entregara para morir en la cruz. Y es que hay cierto tipo de pensamientos que son como imanes que te inclinan a hacer conductas pecaminosas y te llevan a la muerte.

Santiago 3:16 (RVR)
“Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa”.

Si una Iglesia permite que haya disensión, permite también que haya yugos en sus miembros. Por eso, los hermanos se enferman, por no perdonarse los unos a los otros y no solucionar las situaciones internas que tienen los unos en contra de los otros.

Cuando había dos bueyes trillando una tierra, algunos de sus dueños le ponían bozal porque cuando comían y engordaban, sus cuellos se robustecían y rompían el yugo que los mantenía trabajando. Igual sucede contigo, tu pasto es la Palabra de Dios, cuando te alimentas de ella, te nutres, te haces fuerte y rompes todas las ataduras y los yugos que puedas tener.

No le pidas más a Dios que te limpie, toma la decisión hoy de limpiarte con Su Palabra, así tu fe se engrosará y todo yugo de rencilla, incredulidad, temor, miedo, adicción se romperá sobre tu vida. Ciérrale todas las puertas al maligno, las de tu cuerpo, las de tu espíritu, las de tu casa y las de la Iglesia, y decide vivir la mejor temporada de tu vida ahora.

Viernes, Septiembre 29, 2017

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