El Arma Más Poderosa

Pastor Miguel Arrázola

La autoridad de Jesús fue lo que impactó a la gente, no solo sus palabras. Los escribas escribieron de Jesús, y cuando lo tuvieron al frente, no le creyeron. La obediencia es lo que te da la autoridad para predicar, porque el mejor mensaje que puedes predicar es aquel que has vivido.

Juan 10:10 (RV60)
“El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.”

En ocasiones tenemos sentencias en nuestras familias, parece que el infierno soltara una palabra sobre tu vida, muchos están aquí hoy diciendo que esa enfermedad que está en su familia es hereditaria, otros sienten que el divorcio está en su familia y por eso piensan que también se van a divorciar. Todo esto parece una sentencia que nos atrapa y en ocasiones terminamos creyendo más al diablo que a Dios. Otros sufren de ansiedad y ataques de pánico, y el diablo les dice que la sensación de nervios que están sintiendo te hace pensar que acabarás loco. Otra sentencia es que el diablo quiere que creamos que nunca seremos prosperados financieramente, porque nadie en tu familia lo ha sido. Igualmente con los hijos, el diablo quiere que dejen de orar por ellos, también las adicciones y fracasos.

Las personas escuchan estas frases y son como dardos de fuego a sus vidas, pero la Biblia dice que no tienes que creer al diablo más que las promesas que Dios te da, quizás dices que esos problemas son parte de tu vida y de tu ADN, pero el enemigo no tiene que profetizar nada sobre tu vida, porque si estás en Cristo, eres hecho nuevo (2 Corinrios 5:17)

Mateo 4:2-11 (NVI)
“Después de ayunar cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. El tentador se le acercó y le propuso:
―Si eres el Hijo de Dios, ordena a estas piedras que se conviertan en pan.
Jesús le respondió:
―Escrito está: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.
Luego el diablo lo llevó a la ciudad santa e hizo que se pusiera de pie sobre la parte más alta del templo, y le dijo:
―Si eres el Hijo de Dios, tírate abajo. Porque escrito está:
»“Ordenará que sus ángeles
te sostengan en sus manos,
para que no tropieces con piedra alguna”».
―También está escrito: “No pongas a prueba al Señor tu Dios”—le contestó Jesús.
De nuevo lo tentó el diablo, llevándolo a una montaña muy alta, y le mostró todos los reinos del mundo y su esplendor.
―Todo esto te daré si te postras y me adoras.
―¡Vete, Satanás! —le dijo Jesús—. Porque escrito está: “Adora al Señor tu Dios y sírvele solamente a él”.
Entonces el diablo lo dejó, y unos ángeles acudieron a servirle.”

No tengo que mostrarle al diablo que eres hijo de Dios, tú lo eres.

Jesús no convirtió las piedras en pan cuando el diablo se lo pidió, pero sí multiplicó los panes y los peces, porque no hacemos las cosas porque el diablo nos lo diga, sino porque el Señor nos lo ordena.
Entonces, todo lo que el diablo dice que va a hacer en tu vida, es lo contrario, porque la Biblia dice que él es el padre de mentira. A veces la gente se acuesta con temor y habla temor todo el tiempo, por eso cuando haya virosis en el ambiente, debemos creer y declarar que a nosotros no nos va a tocar, que aunque los niños del colegio la tengas, nuestros hijos no la van a tener, porque ellos no son egipcios, no son fariseos, están cubiertos por la Sangre de Cristo y ninguna plaga tocará nuestra morada.

Cuando conoces la palabra de Dios, vas a reconocer la que no es de él. Muchos piensan que la palabra es el arma más poderosa contra el diablo y sus demonios, pero la realidad es Jesús siempre fue atacado, nació casi muere de bebé, cuando predicó un mensaje las personas lo empujaron para que muriera en una montaña pero se salió milagrosamente, Él pudo vencer muchos obstáculos, pero la razón por la cual ningún demonio pudo con Jesús, no fue solo porque conocía la escritura y tenía la unción, el arma más poderosa fue la obediencia, porque nada de lo que se haga funcionar sin la obediencia. No se trata de decir “escrito está” cuando no se vive lo que está escrito.

El diablo cree las escrituras tanto como nosotros, en Santiago 2:19 dice la Biblia que los demonios escuchan Su Nombre y tiemblan, pero lo que hace que todo funcione es tu obediencia y Jesús se libró de todo porque satanás no tenía acceso a él por medio del pecado.

A veces conocer la palabra y citarla no es suficiente, tener unción no es suficiente, tener una fe fuerte no es suficiente, todas esas armas son importantes siempre y cuando tu obediencia la respalde.

Jesús era inocente de todo pecado, a Jesús en la cruz el diablo no lo atacó, fue el Padre quien lo hizo. Isaías dijo que no veía ni a los romanos ni al diablo golpeándole, sino al Padre, porque él aceptó el plan de la redención. El castigo de nuestra paz fue dado por el Padre; la obra de la cruz no fue idea del diablo, fue idea de Dios. En ese momento satanás no tuvo poder sobre Cristo, porque el pecado depositado sobre Él no era suyo, sino nuestro. Cuando tenemos cualquier forma de pecado, público o incierto, la palabra dice en Génesis 4:7 que el pecado es la puerta que le da acceso al ataque del diablo, si continuas en pecado y no te arrepientes, el enemigo puede aferrarse a tu vida como las bisagras se aferran a la puerta.

Juan 5:14 (NTV)
“pero después, Jesús lo encontró en el templo y le dijo:«Ya estás sano; así que deja de pecar o podría sucederte algo mucho peor»”
El pecado siempre se aferra a tu vida.

Santiago 5:14 nos dice que oremos por el enfermo y le unjamos con aceite, y dice que si hubiere cometido pecado les serán perdonados, porque hay una conexión entre la sanidad y la vida de pecado.
Cuando Adán cayó produjo pecado y enfermedad, y Cristo vino a derrotar el pecado y traer sanidad.

Cuando recibes la sanidad, si quieres mantenerla, solo obedece. La más grande arma de todo cristiano, no es la fe ni la unción ni la palabra, es la obediencia.

¿Qué hacemos si estamos en pecado?
Arrepiéntete y ve a Jesús: Así como satanás no tenía nada que hacer al acusar a Jesús, asimismo el arrepentimiento cierra la puerta al diablo y el acceso a ti. Arrepentirse no es solo llorar, es dar un giro a tu vida, cambiar de mente, de actitud y de destino. La Biblia dice que quien confiesa su pecado y se aparta, alcanzará misericordia (Proverbios 28:13 – RV60).
Renueva tu mente de la corrupción del mundo. Efesios 4:23 (RV60)
Resiste al enemigo. Santiago 4:7 (RV60), hay tres cosas en la vida a la que someterse: a la Palabra de Dios, al Espíritu Santo y a tus pastores.

Toda nuestra autoridad en Cristo se basa en una sola cosa, la obediencia.

Hay hombres que crían reptiles, algunos han sido mordidos por ellos y desarrollan inmunidad en su sangre eso. De la misma manera, la Sangre de Jesús es inmune contra el poder de cualquier pecado, cuando recibes a Cristo en tu corazón recibes redención por Su Sangre a través de la Fe, y el pecado ya no tiene dominio sobre tu cuerpo y sobre tu espíritu.

1 Juan 5:18 (RV60)
“Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca.”

Un creyente no va a practicar pecado si la semilla de la Palabra mora en su corazón. Es nuestra responsabilidad mantener las cosas en orden para impedir que el maligno tenga acceso.

La unión, la fe y la palabra no tienen tanto poder como nuestra obediencia a Dios.

La alabanza: Es válido cantar y experimentar el poder de Dios, pero es mejor experimentar el verdadero poder de Dios cuando lo que cantas lo vives, cantar con inteligencia.

Santiago 1:21-25 (RV60)
“Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas.
Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.
Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural.
Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era.
Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace.”
Si hay algo que impide que la palabra obre en ti es la tenacidad que tenemos para no recibirla mansamente, porque la palabra no puede caer donde no es bien recibida.
La palabra dice que seamos hacedores de ella y no solo oidores olvidadizos. Hay más poder en hacer que en hablar.

Mateo 7:24-29 (RV60)
“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca.
Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca.
Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena;
y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.
Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina;
porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.”

La roca en este verso se refiere a aquel que oye la palabra y la hace, es decir, nada te mueve. La Palabra no es sabrosa para predicarla y oírla, lo mejor de ella es hacerla. No hay más poder en la Palabra en tu boca y en tu mano, sino cuando caminas sobre ella. Creemos únicamente la parte de la Biblia que hacemos, porque nadie cree más allá de la obediencia que ejercita. Quien cree la palabra es quien la hace.

Los problemas que pasan a alguien que edifica sobre la roca son los mismos que tiene quien edifica sobre la arena, la diferencia es el fundamento. ¿Por qué la prosperidad no llega a tu vida? Porque oyes que tienes que dar, pero no haces la palabra.

Los fariseos conocían completamente la Biblia, pero no la vivían. Zacarías era quien llevaba el incienso al sacerdote, y no creyó a Dios, por eso el Señor lo enmudeció, porque sus palabras podían detener el milagro en su esposa. Muchos de ustedes hablan muy mal, tienen que hablar lo que bendice y edifica, no se habla duda nunca, aunque haya tormenta se hablan las promesas de Dios.

La autoridad de Jesús fue lo que impactó a la gente, no solo sus palabras. Los escribas escribieron de Jesús, y cuando lo tuvieron al frente, no le creyeron. La obediencia es lo que te da la autoridad para predicar, porque el mejor mensaje que puedes predicar es aquel que has vivido.

Viernes, Octubre 13, 2017

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