AGUANTA

P. Ma. Paula Arrázola

Cuando estamos expuestos a la Palabra de Dios no volvemos a ser los mismos, ¡ese es Su poder! Hoy quiero hablarte de cómo caminar en victoria. El Señor dice que Él nos ha llamado a vivir de gloria en gloria y de triunfo en triunfo, es decir, que debemos vivir de batalla en batalla.

El Señor quiere hoy traerte una palabra de esperanza y victoria, Él va a secar tus lágrimas, va a poner una sonrisa en tu boca y un corazón alegre en ti. Hoy vas a salir con una respuesta del cielo.

Pero, ¿cómo puedo vivir y camino en victoria?
Cada día vemos más y más cristianos que andan en derrota, pesimismo, desesperanza, sin ilusión, sin fe. Es como sí cada vez más, algo más fuerte que ellos los controlara, como si un espíritu viniera a robarles la paz y el gozo, pero el Señor hoy viene a restaurar tu gozo y tu paz, porque Él es el Dios de tu victoria.

Salmos 34:19 (RVR)
“Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová”.

El Señor te va a dar la victoria en cada área de tu vida, ¡tú tienes la victoria! Hoy te voy a enseñar tres pasos, tres principios para vivir en victoria. Si tú haces esta palabra que te enseño hoy, tú vas a aprender a vivir en victoria siempre.

A veces nos ataca el espíritu de la congoja, un espíritu que no te permite recibir la Palabra de Dios. Ese espíritu de congoja está atado en tu vida ahora mismo, en el nombre de Jesús y la palabra de hoy la vas a recibir con gozo, esperanza y alegría.

Necesitamos ser sanos del temor, el resentimiento, la desesperanza y la angustia. Tú eres tan enfermo como los secretos que guardas; hoy vamos a exponer nuestras vidas a la Presencia del Espíritu Santo para que el diablo no te moleste más, porque el diablo solo va a molestar tu vida cuando guardas secretos y se encargará de condenarte y maldecirte.

Hoy es un tiempo entre Dios y tú, y vamos a exponernos ante Él para que el diablo jamás tome ventaja de nosotros. Cuando tú expones algo con lo que has estado luchando, frente a la luz de la Palabra de Dios, la sanidad comienza. No solo sanidad física, también sanidad mental, familiar, financiera.

Hoy es tiempo de sacar mis secretos a la luz y no me los va a sacar nadie más, yo mismo los voy a sacar. Dios ya lo sabe todo de ti, pero Él quiere que tú le digas tus secretos. Hoy vas a confesar tus pecados, vas a recibir la gracia de Dios sobre tu vida y el maldito diablo nunca más se meterá contigo.

La Palabra de Dios produce esperanza y un gozo inexplicable en nuestras vidas. Hay 3 cosas que tienes que hacer para caminar en victoria:

1. Discierne

Discierne de donde vienen las batallas.

Efesios 6:12 (NVI)
“Porque nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales”.

Nuestra batalla no es contra hombres ni mujeres, sino contra los espíritus inmundos. ¿Por qué razón Pablo habló de este versículo? Dios me reveló la razón: El Señor me dijo que cuando tú te tomas una batalla como una lucha humana, tú estás bajándote al nivel de esa persona y los espíritus que operan en ella van a influenciar tu vida, a tal punto que terminarás pareciéndote a ellos.

Esa es la razón por la que tenemos que entender que la lucha no es contra un ser humano, sino contra un espíritu inmundo y que tú estás muy por encima de las huestes espirituales de maldad. Por eso, el diablo quiere traer todo al reino natural, porque si él lo logra, él sabe que perderemos. Pero si logramos luchar en el terreno espiritual, le ganaremos.

Romanos 16:20 (RVR)
“Y el Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vosotros”.

Nosotros no vamos a pelear en el reino natural, porque si lo hacemos vamos a perder y nos vamos a cansar. Cuando estés en una lucha, quédate tranquilo y discierne qué espíritu es el que hay detrás de la persona que te está haciendo la guerra. La lucha no es contra un ser humano, sino contra los espíritus que atormentan a ciertos seres humanos.

Cuando peleas con los hombres que son atormentados, llegas a sentir tormento y angustia, porque los espíritus que los atormentan a ellos te empiezan a atormentar a ti cuando luchas en lo natural contra esa persona.

2 Reyes 6:16 (NVI)
“―No tengas miedo —respondió Eliseo—. Los que están con nosotros son más que ellos”.

El Señor te dice hoy: ¡No tengas miedo! Eliseo dice esto en el contexto de que él y su siervo estaban rodeados por un gran ejército. Solo eran ellos dos, el siervo estaba angustiado repitiendo las malas noticias y entonces, el Señor le dice “No tengas miedo, yo estoy contigo y somos más”.

Cualquier situación que estés viviendo, “no temas” dice el Señor, que los que están contigo son más. Con nuestros ojos naturales no vemos nada sino solo a nuestros enemigos, pero nuestros ojos espirituales van a empezar a ver qué tenemos. Tenemos:

- El Espíritu Santo: Quien nos ayuda, nos guía, produce frutos y dones en nosotros. No digas que estás solo, no digas que son más quienes se te oponen, porque el Espíritu Santo está contigo.

- El poder de la Palabra: La Palabra limpia, trae gozo, sanidad. Juan 15:11 dice “Les he dicho esto para que tengan mi alegría y así su alegría sea completa”. Creamos, ¡hablemos la Palabra de Dios!

- Ángeles: Tenemos ángeles peleando por nosotros, ellos son ministradores al servicio de los que heredaremos la salvación, es decir, nosotros. Ellos pelean por nosotros, nos guardan, nos protegen, nos defienden. El Salmo 91 dice que los ángeles están alrededor de nosotros.

La maldición, la enfermedad no va a tocar tu morada, hay ángeles guerreros, que tus enemigos y quizás ni tú pueden ver, ángeles que están desenvainando sus espadas en tu defensa.

- La sangre de Jesús: La sangre que brotó de Su cabeza nos cubre, nos libra. Caerán a tu lado mil y diez mil a tu diestra, mas a ti no llegará; no te sobrevendrá mal ni plaga tocará tu morada (Salmo 91: 7,10). El maldito cáncer jamás tocara tu morada, la pobreza jamás tocara tu morada porque la sangre que brotó de Su cabeza nos levanta, nos limpia, nos redime.

Job todos los días ponía 10 animales en el altar, para verter su sangre. Cuando satanás tocó a Job, lo primero que le tocó no fue su familia, ni su fortuna ni su salud. Lo primero que le tocó el diablo a Job fueron los animales, para que se quedara sin sangre para poner en el altar. Pero hoy no necesitamos la sangre de un macho cabrío, porque nuestro Salvador hace 2017 años, clavado en una cruz expiró, el manto se rasgó y por es, Su sangre hoy tiene poder sobre nosotros.

Cuando tú aplicas esa sangre, el enemigo no te puede tocar, ¡hay poder en la sangre de Jesús! Hay poder en la sangre de Jesús sobre mi vida y mi familia, sobre mi negocio, hay poder en la sangre de Jesús sobre mis finanzas. Por alguna razón Jesús dijo en Apocalipsis 12:11 “Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte”.

- El poder del Nombre de Jesús: El nombre que es sobre todo nombre, enfermedad, necesidad, argumento, relación. El nombre más grande, más alto, ante el cual toda rodilla se tiene que doblegar y toda lengua tiene que confesar que Jesús es el Señor. Aquí en la tierra, en el cielo y aun en el infierno, se van a tener que doblegar y van a tener que decir un día “Jesucristo, verdaderamente es el Señor”.

- El poder de la oración: La oración viaja a donde tenga que ir, hay poder en ella: Demonios huyen, potestades caen y todo es atado o todo es desatado a través del poder de la oración. ¿En qué te estás enfocando? ¿En tu problema o en Jesús, tu Señor y Salvador? ¿Qué reporte vas a decidir creer? Yo hoy decido creer el reporte de mi Señor y de mi Salvador.

La batalla es en tu mente; en la Iglesia sí que nos lavan el cerebro, porque en esta predicamos la Palabra de Dios y Su Palabra nos limpia la mente de todo mal pensamiento. ¿Qué sería de nuestras vidas si nuestras mentes no fueran lavadas por la Palabra de Dios? Seríamos una porquería, dudaríamos todo el tiempo. Pero como la Palabra de Dios limpia nuestra mente, podemos amar, podemos reconciliarnos, tener esperanza y fe.

2. Decide

Toda buena dádiva y todo don perfecto proviene de Dios (Santiago 1:17), es decir, que si algo malo viene a tu vida, eso no proviene de Dios y si no proviene de Dios, no lo debes querer recibir.

No es la voluntad de Dios que vivas con dolor; hoy saca todo dolor, exponlo delante de Dios y declara: “Hoy este dolor se acaba. Yo hoy decido no experimentar más dolor”. No ocultes, no pretendas, la Iglesia no es un lugar para pretender. No finjas cuando te preguntan cómo estás, a veces se tienen problemas pero tú sabes que algo va a pasar cuando llegas a la Iglesia, por la Presencia de Dios sobre tu vida.

Si no estás harto de la situación adversa que vives, ésta va a volver a hacer presencia en tu vida. Di “ya no más, hasta hoy”; hoy empieza un nuevo día en tu vida. El diablo siempre te va a presionar más y a atacar más cuando estás en el borde del puente a tu bendición. Pero tú decides: O te rindes y te quedas allí, contemplando que pasará en el otro lado o decides caminar a pesar de todo, pasar el puente, entrar y disfrutar de tu bendición.

El diablo siempre molesta más antes de una gran multiplicación. Cuando Adán estaba solo en el Edén, el diablo no se le apareció pero cuando llegó Eva, que era el factor multiplicador, enseguida él se le apareció. Si hay más presión en tu vida es porque tu bendición viene, tú vas a atravesar tu puente y vas a entrar a la tierra de tu bendición.

Tienes que aguantar en medio de una adversidad, ¡aguanta! No es tiempo de retroceder, de desmayar, de retroceder… ¡Aguanta! Ya estamos al borde de llegar a la tierra bendecida de la promesa y al otro lado del puente está tu bendición esperando por ti.

3. Declara

Declara la Palabra de Dios sobre tu circunstancia, porque éstas oyen. Jesús le habló a la higuera, al viento, al agua y todos éstos oyeron. Somete tus circunstancias bajo la Palabra de Dios, porque éstas tienen oídos.

Lo que dices puede ser contradictorio con lo que ves, eso se llama fe. La fe y la razón no es que se opongan, lo que pasa es que la fe nos lleva hasta donde la fe nos deja tirados, porque la razón se coge de la mano de un hombre y te lleva hasta donde un hombre nos puede llevar. Pero la fe se toma de la mano de Dios y nos lleva hasta donde lo irreal se vuelve real, hasta donde lo maldito se vuelve bendito.

Declara la sangre de Jesús sobre cada rincón de tu casa, aplica la sangre de Jesús. El enemigo no puede traspasar la sangre de Jesús; camina alrededor de tu casa, recorre cada rincón y pídele al Espíritu Santo que si hay algo que no está bien, que te lo muestre y revele. Discierne, decide, declara y aprende a caminar en la victoria del Señor.

Viernes, Abril 21, 2017

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