La Receta Para Una Familia Feliz

P. Miguel Arrázola

Efesios 6:12 (RVR) "Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes".

Todo el mundo sabe aplicar éste último verso, pero ¿de qué nos sirve pelear una guerra espiritual en los aires, si tenemos una guerra natural en la casa? Los hogares no se dividen porque el diablo ataca.

Sí, el diablo ataca a la familia y por eso peleamos contra él, pero el problema no es solo el diablo sino también el temperamento de quienes conforman el matrimonio. Pablo nos enseña que hay que ganarle al diablo y la guerra no empieza en Efesios 6, sino en Efesios 5, al poner en orden nuestros hogares para combatirlo a él y a sus demonios.

No en vano, el Apóstol Pablo empieza hablándole a la mujer. Ellas son el termostato de la casa: Cuando la mujer está feliz, todo está feliz, pero cuando la mujer está mal, ni entres a casa por amor a tu vida.

Efesios 5: 21–24 (RVR)
"21Someteos unos a otros en el temor de Dios. 22Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; 23porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. 24Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo".

El que teme a Dios se somete a Él; la gente que teme a Dios se sabe someter. Por temor al Señor tenemos que aprender a someternos. No podemos hacer verdadera guerra espiritual si cada uno en la familia no hace su parte. Si queremos que el diablo se vaya, entonces la mujer debe someterse a su marido, sentir respeto hacia su marido, ¡por supuesto! Pero miedo, no ¡Jamás!

Efesios 5 es para parejas de esposos convertidos a Cristo, no para parejas donde uno de los dos o los dos son inconversos. Es para la Iglesia, para cristianos, para parejas sometidas a Cristo.

1 Pedro 3:1-2 (RVR)
“Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, 2considerando vuestra conducta casta y respetuosa.

En Efesios 5, Dios se refiere a las esposas como casadas, pero en 1 Pedro 3 se refiere a ellas como mujeres. La mujer es el único ser en la tierra que tiene el poder de predicar el Evangelio y convertir a otros sin hablar. ¿Por qué Dios se refiere a la mujer como “mujer” y no como “esposa”? Porque Dios prefiere que Cristo entre primero al corazón del esposo antes, ya que lo que Dios une, no lo separa el hombre.

Efesios 5: 21–24 (RVR)
"21Someteos unos a otros en el temor de Dios. 22Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; 23porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. 24Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo".

El hombre es la cabeza, en ella están los ojos, es decir, el que tiene la visión en el hogar es el hombre. En la cabeza se colocan las coronas, por eso es el hombre quien en el hogar promueve, provee y protege a la mujer y a los hijos. Cuando la mujer se cubre bajo el marido habita bajo su cobertura, está protegida. En el sometimiento a tu marido está la bendición de Dios, mujer.

La Biblia dice que aquel que no trabaja o no provee para los suyos es peor que un incrédulo (1 Timoteo 5:8). Ninguna mujer está obligada a someterse a un hombre que no le promueve, le provee ni le protege a ella y a sus hijos.

Una mujer no puede someterse a nadie que no proteja, provea y promocione. El ejemplo a seguir en sumisión es Jesús: La Iglesia se somete a Cristo porque Él siempre le dio lo bueno, ¡lo mejor! ¿Jesús le ha pegado a la Iglesia o le ha empujado? ¡jamás! Un hombre maltratador no merece ningún tipo de sometimiento.

El hombre tiene que ser para ella lo que Cristo es para la Iglesia, salvarla, cuidarla. La Iglesia está sujeta a Cristo en obediencia, respeto, amor y bendición. Por otro lado, hay maridos demasiado buena gente, casi tontos y las mujeres los manejan a su antojo, pero esta tampoco es la idea de Dios, de acuerdo a lo que nos dice la Biblia. A la mujer se le dan 4 versos de instrucciones en el matrimonio, pero al hombre se nos da 8.

¿A quién se debe someter una mujer?, a un hombre que la santifica, la purifica y la lava por la palabra, un marido debe tener palabra para su mujer, sus hijos y la familia. El marido debe presentarse asimismo una mujer gloriosa, entre más pasen los años debe suceder más eso, debe ser responsabilidad del marido.

La bendición, la santificación y protección hace que la mujer sea bendecida, el amor del marido hace brillar a la mujer, el que ama a su mujer asimismo se ama.

Efesios 5: 25–29 (RVR)
“Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, 26 para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra,
27 a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. 28 Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama.
29 Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia,…”.

El marido debe sustentar y cuidar a la mujer en el matrimonio. Ninguna casada debe estar sujeta a ningún otro hombre sino a su marido. La gente piensa que el sometimiento para la mujer es opresión pero no es así, es protección; la mujer está bajo la sumisión de su marido por protección.

Efesios 5:31 (RVR)
31 Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne.

Este es el mandamiento más violado de todos, pues la mayoría de todas las parejas se casan y siguen viviendo con sus padres. Al casarse, los hijos deben desligarse de sus padres físicamente, emocionalmente, financieramente. No es abandonarlos, es vivir de forma independiente de ellos y dejarlos, porque si vives con ellos tú no mandas, ni crías a tus hijos, lo hacen ellos.

Efesios 5:33 (RVR)
Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido.

Este capítulo de Efesios comienza y termina hablando de respeto e inicia hablándole a la mujer porque ella es más sensible espiritualmente, ella fue hecha de la costilla del hombre, mientras que ellos fueron hechos del polvo, de la tierra.

Si cada uno hace los suyos, no va a haber demonio ni diablo que se les pueda enfrentar. Antes de orar, reprender al diablo y hacer guerra espiritual, la guerra es interna, en el hogar.

Hay formas en las que las mujeres irrespetan a sus maridos, como:

- Hablando mal de él en presencia de otros: Jamás hables mal de tu esposo delante de tus hijos.

- Dándoles el trato del silencio.

- Pidiéndole hablar después de un día largo de trabajo.

Proverbios 14:1 (RVR)
“La mujer sabia edifica su casa; mas la necia con sus manos la derriba”.

Muchas veces son las mujeres las que destruyen el hogar.

Proverbios 21:9, 19 (RVR)
“Mejor es vivir en un rincón del terrado que con mujer rencillosa en casa espaciosa. Mejor es morar en tierra desierta que con la mujer rencillosa e iracunda”.

La Biblia habla de la mujer rencillosa e iracunda en este mismo capítulo tres veces.

Proverbios 25:24 (RVR)
“Mejor es estar en un rincón del terrado, que con mujer rencillosa en casa espaciosa”.

1 Pedro 3:3-4 (RVR)
“3Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, 4sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios”.

El original dice que vuestro atavío sea no solo el externo, sino el interno, es decir, que sí se pueden arreglar pero sin descuidar lo espiritual. La mujer puede llegar a generar un corazón de gran estima a Dios, tiene un gran poder. Las oraciones de la mujer pueden ser bloqueadas si no está sujeta a su marido.

Como mujeres deben entender que no hay nada mejor que tener un espíritu afable y apacible, tierno y sereno. La dulzura nunca cansa, la belleza de una mujer antipática rechina, aunque impacte al principio.

Si quieren tener matrimonios sanos, deben hacer lo que Dios manda en Efesios. Es una señal de humildad, de un espíritu afable y apacible, el preguntarle a tu marido, mujer, si le parece bien cómo te ves. Si tú te metes en el trabajo de él, ¿por qué él no puede meterse en el closet tuyo?

Si tienes casi 40 años ¿cómo vas a competir con una modelo de 15 años, llena de retoque digital? En el mundo te presentan un estereotipo que sólo dura 15 años, para generarte inseguridades.

Hay mujeres que pierden la castidad y el respeto, se gastan millones en maquillaje y retoque pero tienen la misma Biblia de hace muchos años. Si invirtieras en lo espiritual lo mismo que inviertes en lo natural, estarías mejor. Cuando la mujer no compensa, comienza a revelar más su cuerpo que su espiritualidad y no hay mujer más peligrosa que esa, porque se vuelve no solo peligrosa para su marido sino también para otros.

El balance perfecto es espiritualidad interna y belleza externa, lo más importante es la espiritualidad, sin llegar al legalismo de que no se arreglen. Tu comparación no debe ser alguien que viste en la revista ni la más bonita de la Iglesia, es lo que tu marido quiera en ti.

Cuidado en comenzar a gastar más en mascarilla, maquillaje y prenda, que en lo espiritual, la cuestión es de balance. ¿De qué te sirve ser bonita y antipática? Lo más lindo de una mujer es la dulzura.

1 Pedro 3:5-6 (RVR)
“5Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos; 6como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor; de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza”.

El hombre tiene un problema y es que pierde el amor a su mujer, y la mujer irrespeta a su marido. Si el hombre es la cabeza del hogar, ¿por qué Pablo comienza a hablarle a las mujeres? Porque muchas veces antes de que un marido se va de la casa, ya se ha ido el respeto.

¿Quién es más propenso a los ataques del diablo? El hombre escucha a Dios y le transmite a la mujer. Por eso el diablo comienza a hablarle a la mujer, ella es más susceptible a ataques y decisiones erradas, razón por la que Eva fue quien se perdió en el huerto.

Si no hay respeto y sumisión de la mujer al marido, y amor del marido a la mujer, vienen las caídas. El problema de los hijos es que no obedecen a los papás, los hijos ven a los papás tanto tiempo cometer tantos errores que les cuesta obedecerlos.

Los hijos no obedecen y los papás hacen cosas que hostigan al hijo. Tú no puedes reprender al diablo siendo hijo y desobedeciendo a tu papá, no puedes hacerlo si eres esposa y no respetas a tu marido, o si eres marido y no amas a tu mujer.

El diablo se va de la casa cuando las relaciones están bien. Puede venir brujería, hechicería y lo que sea, pero cuando hay un hogar obedeciendo la Palabra de Dios, no hay demonio que entre, no habrá pobreza, no habrá lugar más parecido al cielo que ese lugar.

Pensamos que el pecado de afuera nos afecta a nosotros adentro. Pero no, el matrimonio lo destruye u otra mujer u otro hombre, no un homosexual; a veces le echamos la culpa a quien no la tiene. El peor pecado que ataca la familia es el adulterio, no el homosexualismo.

Si amas la familia, debes amar los principios que la rigen. Tendremos familias sanas si obedecemos la receta de Efesios para tener una familia feliz.

Domingo, Mayo 28, 2017

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