El Yugo De Dios

Pastor Rey Matos

Todos nos hemos sentido cansados en algún momento de nuestra vida, no solo físicamente sino también emocionalmente en ocasiones. Hemos podido estar muy cansados físicamente pero si estamos animados, ese cansancio físico se va y hay fuerzas para todo. Pero hay cansancios que son muy emocionales, que aun cuando hemos descansado toda la noche nos levantamos como si nos hubiesen dando una paliza.

Jesus es tan buena que el reconoció esa realidad de mucha gente y por eso en Mateo 11:28 “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”. Trabajados implica el cansancio físico y cargados implica el cansancio emocional. Yo imagino que en aquella multitud que estaba frente a Él había gente que se identificó con lo que decía Jesús, porque necesitaban ser aliviados.

Jesús tiene un estilo de hablar con la gente, que si tú no lo amas, si tú realmente no tienes fe en Él, cuando escuchas sus enseñanzas te decepcionas, te desilusionas. Si no lo amas, si no crees en Él, lo que harías al escucharlo es lo que hizo mucha gente, que fue ignorarlo y seguir su camino.

La respuesta que Jesús le da a esta gente cargada y cansada está en Mateo 11:29 “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas;…”. Los que son agricultores saben que llevar un yugo no es nada fácil. Así que si alguien cansado y cargado se acerca a Jesús, si no lo aman ni creen en Él y reciben esta palabra “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas;…”, se decepcionan.

Un yugo es un pedazo de madera grande, grueso, largo y pesado que se coloca en medio de dos bueyes, sobre sus panzas, sosteniendo sus cuernos para que sus cabezas no se choquen. Entonces, Jesús lo que está diciéndonos es “Ven tú, que estás cargado y cansado y pon este, mi peso, sobre ti, porque si estás cansado y cargado no te puedo evitar llevar esta carga”.

Los piadosos son aquellos que aman con misericordia. A veces la Palabra de Dios es tan fuerte que tenemos que amar a Jesús piadosamente: Con misericordia. Y es que a veces Jesús dice cosas que no hacen sentido a la lógica humana.

Es necesario que Jesús mismo defina qué es el yugo para no darnos espacio a que nosotros le malinterpretemos. Uno de los huecos del yugo se llama mansedumbre y el otro se llama humildad. Jesus lo que nos dice en el versículo 28 es que todo aquel que quiera tener y disfrutar de la paz y la armonía familiar, de la comunión con los más cercanos de su vida, tiene que ponerse Su yugo, que es ser manso y humilde.

Naturalmente donde quiera que haya paz es porque por lo menos hay así sea una sola persona mansa. Donde quiera que hay armonía por lo menos hay un humilde, porque son los mansos y humildes de la tierra los que amortiguan las situaciones de conflicto.

La familia es el núcleo de mayor intimidad que hay en la tierra y es precisamente ese el escenario donde inician los conflictos. Las guerras no comienzan en los capitolios políticos, las guerras comienzan en casa.

Jesús da vida y abundancia a los que le aman, pero los que le aman tienen que entender que obedecer Su palabra es fundamental.

Gálatas 5: 22-23 (RVR)
“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”.

Jesús de todos los frutos que hay, escogió dos para que con esos nosotros pudiéramos caminar en la vida descansados, ser gente de paz, caminar en descanso y no ser consumidos por la vida.

El manso es una persona insensible, porque lo ofenden y no reacciona, solo sonríe. Y, ¿por qué? Porque esa persona está tan conectada con Dios que puede sonreír ante un golpe o una ofensa. Y es que no hay otra forma para lograrlo, solo conectados a Jesús podemos soportar un golpe y responder con una sonrisa. Cada mañana preséntate delante de Dios y llénate de Su mansedumbre a través del Espíritu Santo.

La otra parte del yugo es la humildad y ser humildes es tratar a los demás como si fuesen superiores a sí mismos. No es hacerlo cuando los otros sean mejores que tú, es tratarlos como si lo fueran.

Un matrimonio sería sumamente feliz y disfrutarían mucho esa relación si ambos aprendieran a ser mansos y humildes, pero de corazón. Jesús dijo que debemos ser mansos y humildes de corazón, porque hay algunos que aparentan serlo pero no lo son en el interior, y a eso se le llama hipocresía.

La responsabilidad del hombre como cabeza es resolver los problemas que le atañen y le competen en su hogar. Así lo vemos en el Edén; no fue el hombre quien se comió el fruto prohibido, fue la mujer quien lo hizo. Fue ella quien lo sedujo para que lo comiera, pero, ¿a quién llamó Dios? Llamó a Adán.

Y es que hasta en el mundo secular pasa; cuando un gerente ve un problema en su empresa no llama a un obrero, llama a su supervisor. Eso mismo hace Dios con los hombres, Él le impone la responsabilidad al hombre y cuando llegue el día de rendir cuentas en los cielos, Él te preguntará por lo que hiciste y te hará responsable por tu esposa y tus hijos.

Pero si los hombres necesitan mucha mansedumbre porque a muchas les cuesta perdonar. Las mujeres necesitan mucha humildad, porque son planificadoras, esforzadas, serviciales y piensan todo el tiempo en el futuro. Ellas no se entretienen mientras el resto de los miembros de su familia lo hacen, y por eso le molesta que la critiquen en medio de todo su esfuerzo.

Los humildes tienen la virtud de pedir perdón con facilidad. Pero Jesús dijo claramente que hay que hacerlo de corazón, porque a lo que no se hace de corazón se le llama hipocresía.

Satanás no soporta la mansedumbre. Donde hay alguien actuando mansamente, él no lo soporta. Los hombres mansos corrigen, disciplinan y ponen controles, pero en vez de faltar el respeto e imponer las cosas con agresividad, lo que hacen es sentarse y con la mansedumbre que tienen, inspirar autoridad para hablar pasivamente con otros y corregirles.

No hay capacidad en nuestra humanidad para ponerse a la altura de estos dos yugos, por eso tenemos que inclinarnos ante Dios para que su Espíritu Santo repose sobre nosotros y que estos frutos florezcan en nuestras vidas, en Cristo Jesús. No solo desea este descanso para ti, sino también para tu familia, para tu lugar de trabajo. Pídele al Señor que te cambie, que te dé un nuevo corazón, uno que sea manso y humilde.

Domingo, Septiembre 10, 2017

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