El Poder Del Pan

Pastor Miguel Arrázola

Con la Santa Cena, anunciamos a los huestes espirituales de maldad en la regiones celestes que Jesús viene y les recordamos a todos los demonios que fueron vencidos. Por eso, cuando alguien es campeón de algo, levanta la copa. Así, que cuando tú levantes la copa, todos los demonios se van a aterrorizar porque hay poder un poder sin igual en la sangre de nuestro Señor.

1 Corintios 11:23-30 (RV60) “23 Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan;
24 y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí.
25 Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí.
26 Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.
27 De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor.
28 Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa.
29 Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí.
30 Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen.”

Muchos de nosotros tenemos desvirtuado el significado de la Santa Cena. La bendición más grande para mí es la sanidad del cuerpo, porque aunque seas rico, no sirve de nada si no tienes salud para disfrutarlo.

Ahora, ¿cuántas veces Jesús caminó sobre las aguas? solo una, ¿cuántas veces calmó la tormenta? una tambien, pero Jesús sanó todas las veces, porque Él no tenía sanidad, Él era sanidad.

Cuando la Biblia dice que comemos indignamente la Santa Cena, no se refiere a estar en pecado, sino a que no sabemos discernir los beneficios de la cruz para cada uno de nosotros. Entonces, no tener la revelación del cuerpo del Señor, nos explica la razón por la cual los cristianos se enferman o mueren prematuramente.

Muchos han dejado a un lado la sanidad, no por no discernir la sangre, sino por no discernir el cuerpo de Cristo, y esta no es la voluntad de Dios.

Entonces, discernir el cuerpo de Cristo nos hace diferentes, porque si entendemos qué es, cuando entre por tu boca y caiga en tu estómago, toda enfermedad se tendrá que ir, porque si simboliza nuestra liberación, también nuestra sanidad.

Muchos se enfocan en las dietas y ejercicios, eso está muy bien, pero no podemos basar nuestra fe en eso.

Hechos 2:42 (RV60)
“Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.”

La iglesia primitiva tenía cuatro cosas: doctrina, comunión, partían el pan (no como un acto religioso, sino sanador) y oraban. Ellos sabían que la Cena del Señor añadía años a su vida y vida a sus años, no había enfermos en esa iglesia porque había algo diferente en ellos. El problema no es no discernir la sangre, porque todos saben que la sangre de Cristo tiene poder, sino que no discernimos su cuerpo que es sanidad.

La historia de la mujer Sirofenicia nos muestra que ella no hacía parte del pacto porque no era judía, pero su hija estaba endemoniada y ella había ido a Jesús por sanidad. Inicialmente, Jesús no le pone atención, los discípulos la mandan a callar y luego Jesús le dijo que no esta bien tomar el pan de los hijos y darlo a los perrillos. Sin embargo, la fe de esta mujer fue tan grande, que se adelantó al milagro que debía llegar en la época de Pablo, diciendo a Jesús que aun las migajas le darían sanidad a su hija. Entonces, si hay poder en las migajas, cuánto más en el cuerpo completo de Cristo.

Mateo 26:26 (RV60)
“Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.”

El cuerpo de Jesús tenía tanta sanidad, que las vestiduras tenían sanidad.

Con la Santa Cena, anunciamos a los huestes espirituales de maldad en la regiones celestes que Jesús viene y les recordamos a todos los demonios que fueron vencidos. Por eso, cuando alguien es campeón de algo, levanta la copa. Así, que cuando tú levantes la copa, todos los demonios se van a aterrorizar porque hay poder un poder sin igual en la sangre de nuestro Señor.

Domingo, Octubre 1, 2017

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